Comerciantes del Pacífico colombiano llevan su tradición a Bogotá tras el terremoto
Por Redacción Diario Latina · 20 de septiembre de 2026 a las 12:04 a. m. · Fuente: France 24

Un grupo de más de cien comerciantes provenientes de la región del Pacífico colombiano llegó a Bogotá con el objetivo de vender los productos artesanales, gastronómicos y culturales que originalmente tenían pensado ofrecer en el Festival Petronio Álvarez, una de las celebraciones más importantes de la cultura afrocolombiana, cuya edición de este año no pudo realizarse.
La suspensión del festival se debió a un terremoto de 7,4 grados que sacudió al país el pasado 10 de agosto, con epicentro en la costa pacífica, una de las zonas más golpeadas por el fenómeno. El evento, que suele reunir a cientos de expositores y atraer a miles de visitantes cada año, representa una fuente clave de ingresos para comunidades que dependen en gran parte de la economía informal y de temporada.
Ante la imposibilidad de sostener el festival en su formato habitual, el Gobierno colombiano decidió trasladar parte de esa actividad comercial hacia la capital, en lo que se plantea como una de varias iniciativas para reactivar económicamente a una región que, incluso antes del sismo, ya enfrentaba dificultades estructurales de pobreza, desempleo y baja inversión pública.
Esta acción se enmarca en un plan más amplio de asistencia y reconstrucción que busca dar continuidad a las cadenas productivas locales sin necesidad de esperar a que se resuelvan por completo los daños en infraestructura vial, portuaria y habitacional que dejó el terremoto en la costa pacífica.

El Pacífico colombiano —que incluye departamentos como Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño— es históricamente una de las regiones con mayor rezago socioeconómico del país, pese a su riqueza cultural, biodiversidad y valor estratégico por su acceso al océano. Décadas de baja inversión estatal y aislamiento geográfico han dejado a estas comunidades, mayoritariamente afrodescendientes, en desventaja frente a otras zonas de Colombia.
En ese contexto, festivales como el Petronio Álvarez no son solo eventos culturales: funcionan como una plataforma económica anual que permite a cocineras, artesanos, músicos y microempresarios generar ingresos que sostienen a sus familias durante buena parte del año. Su cancelación, aunque temporal, tiene un impacto directo sobre la subsistencia de cientos de hogares.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, y en particular para quienes tienen raíces afrocolombianas o vínculos familiares con la costa pacífica, este tipo de noticias resuena más allá de lo anecdótico: hablan de la resiliencia de una diáspora cultural que mantiene vivas tradiciones como la música de marimba, la gastronomía a base de coco y mariscos, y las artesanías que han cruzado fronteras gracias a festivales de este tipo.
El desplazamiento del comercio hacia Bogotá también pone en evidencia la capacidad de adaptación de estas comunidades frente a la adversidad, al llevar su oferta directamente a un mercado urbano de mayor poder adquisitivo, en un intento por compensar, al menos parcialmente, las pérdidas económicas derivadas de la suspensión del festival.
Mientras continúan las tareas de evaluación de daños y reconstrucción en la zona afectada por el sismo, el Gobierno colombiano deberá definir si el Petronio Álvarez se reprograma para una fecha posterior en su sede tradicional de Cali, o si estas iniciativas itinerantes se convierten en un complemento permanente para diversificar los canales de comercialización de la cultura del Pacífico.